Cultura

De libros y Navidad

Sí, es verdad, no es propio, o mejor, es impropio, que un escritor haga una crítica de su libro. Y menos aún en un medio de comunicación. Parece que es como hacerse auto-propaganda. Por eso comienzo por pedir perdón, aunque yo como creo poco en los pecados, no creo que con esto haya pecado mucho, pues lo único que pretendo es terminar mi primer año de colaborador en Hoja del Lunes, con una acción de gracias a su admisión como tal, y al gran trato recibido en tan señero  periódico semanal, y nada mejor para ello, que acudir en estos días a la tradición navideña, que para los creyentes como yo, es el nacimiento del amor, de la sencillez, y del respeto a todos los hombres de buena voluntad. 

Y acudo para ello a un libro que escribí en el año 2017, y que presenté al público pocos días antes de mi marcha de la Justicia, a cuyo servicio entregué mucho tiempo de mi vida, 48 años, sin descanso y con total dedicación e ilusión. Y fíjense ustedes, amables lectores, en el título del libro: Un Cuento para la Navidad. “Para” y no “de”, la Navidad. Y esto no es un mero detalle. Es un título buscado así, para establecer una separación respecto de uno de los cuentos de la Navidad más hermosos escritos, y ya protagonista para todo lector en estas fechas. El gran escritor inglés Charles Dickens (1812-1870), uno de los más grandes de todos los tiempos, publicó una novela corta, navideña, en diciembre de 1843, que tituló A Christmas Carol, “Cuento navideño de espectros”, cuyo título fue traducido a español como Canción de Navidad, o como Cántico de Navidad, o como Cuento de Navidad, y así quise distinguirlo de éste con mi título de Un Cuento para la Navidad, y también para el lector de mi libro. Pero eso sí, yo lo escribí 174 años después.

Dicen que Dickens, mientras escribía su historia navideña, que subtituló Cuento navideño de espectros, “lloró, rió, y volvió a llorar y se emocionó de la manera más extraordinaria”. “Canción de Navidad”, nos dice el propio Charles Dickens en el prefacio del autor de diciembre de 1843, que: “Con este relato fantasmal, he tratado de evocar el espectro de una idea que no deberá contrariar a mis lectores ni enemistarlos con otros, con estas fiestas o conmigo. Confío en que frecuente gratamente sus hogares y que nadie sienta el deseo de conjurarlos. Su leal amigo y servidor”. Charles Dickens, nos trae la historia navideña de Ebenecer Scrooge, un hombre viejo, un avaro incorregible, “que en su insaciable codicia extorsionaba, tergiversaba, usurpaba, rebañaba, y arrebataba”, y a quien las celebraciones y alegrías navideñas le parecían “Paparruchas”, y que en una Nochebuena, después de trabajar “en su contaduría” y tomar “su triste cena en la triste taberna habitual”, al volver a su casa a dormir, se le apareció el fantasma de su socio muerto hacía ya siete años, Jacob Marley, arrastrando una cadena aherrojada con aquellas cosas que fueron el objeto de sus negocios, “la cadena que forjé en la vida”, -dijo-, “es una cadena gravosa”, y en plena penitencia; siete años sin dejar de viajar todo el tiempo, “sin reposo, sin paz, con la incesante tortura del remordimiento”.  Y al decirle ante sus lamentos Scrooge que “siempre fuiste un buen hombre de negocios”, el fantasma le contestó airado: “¡Negocio!… El género humano era mi negocio. El bien común era mi negocio. La caridad, la misericordia, la paciencia y la benevolencia; todo eso era mi negocio. ¡Los tratos comerciales no eran más que una gota de agua en el inmenso océano de mis obligaciones…!”. “En esta época del año -dijo el espectro-, es cuando más sufro, ¿por qué caminaba entre multitud de congéneres con la mirada gacha y nunca la alzaba hacia esa bendita Estrella que guió a los Reyes Magos hasta una humilde morada? ¿Acaso no había hogares pobres hasta los que su luz podría haberme guiado? He venido esta noche para advertirte que aún tienes una oportunidad y una esperanza de eludir tu sino. Una oportunidad y una esperanza que yo te he procurado… Te visitarán Tres Espíritus… Mañana, pasado mañana y el tercero al día siguiente”. Y vendrán, como le dijo el fantasma, y sucesivamente, los tres Espectros en sus visitas anunciadas: el Fantasma de la Navidad del Pasado; el Fantasma de la Navidad del Presente, y el Fantasma de la Navidad Venidera. Y tras ellas, y sus circunstancias que nos narrará el autor, surgirá el milagro: el hasta entonces avaro incorregible Ebenecer Scrooge, en una extraordinaria conversión, exclamará: “Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservar ese espíritu todo el año”, y así cambiará sus “Paparruchas”, en generosidad… Y desde entonces “siempre se dijo de él que sabía celebrar la Navidad como nadie”. El avaro prestamista se vuelve un hombre bueno, después de tanto mal hecho a sus desgraciados deudores. No es ocasión de extenderse demasiado, pues es un cuento para leerlo en estas fechas, pero si decir que Dickens introduce en su relato el Milagro de la Navidad.

En mi Cuento para la Navidad, también narré la historia de un Milagro.Escribí en la contraportada del libro: “Un encuentro puede ser un hallazgo. A veces, de sí mismo, cuando uno se encuentra perdido. A veces, de un destino luminoso que determina la vida de quien está en trance de perderla. Esta es la historia del encuentro en una Nochebuena de dos seres en desamparo. Se puede nacer una y más veces. La vida es un continuo nacimiento. Sobre todo, en la Navidad”. En mi lejana coincidencia en el tiempo con Charles Dickens, aquí también en mi cuento, la Navidad fue un milagro.  

Y me dirán ustedes lectores, y ahora nos dejas así, en el Misterio. No se lo merecen si han llegado hasta aquí, y les contaré que, en mi Cuento para la Navidad, relato la historia de un hombre profesionalmente exitoso, que ha sufrido un doloroso proceso de divorcio del que ha quedado solo y muy triste; y que, en la primera Nochebuena de su soledad, pasea por la calle, sin rumbo fijo, mientras las familias en sus casas celebran esa noche tan especial. Al pasar junto a un contenedor de basura, escucha un gemido. Al abrir el contenedor se encuentra con una niña recién nacida allí depositada. Con este enfoque, podía haber llevado la historia muy lejos y llegar acabando siendo una novela llena de tragedias y sorpresas. Pero yo al escribirla, obviando posibles aventuras literarias, decidí seguir contando como aquel hombre convertido en padre adoptivo y la niña, que se fue haciendo mujer, continuaron sus vidas unidos, sin otras circunstancias más que las propias y habituales de un padre y una hija. En el final del relato, María, ya casada y con su marido e hijos, acude a pasar la Noche Buena con su padre adoptivo, del que nunca se ha separado. Y “Manuel, abrazando a María, sintió que el tiempo se había detenido en aquella Noche Buena. La Noche Buena de sus almas. Y una lágrima de inmensa ternura, se deslizo por su rostro”.

Hay pocas coincidencias entre el libro del genial escritor Charles Dickens y el mío. Allí, un hombre avaro que se vuelve bueno y aquí, dos seres en desamparo que se encuentran inesperadamente, pero sí que hay un influjo de la Navidad y de la Noche Buena. Coincidimos en que la Navidad es un Milagro. Y es que, quiérase o no, paso una Estrella por el Cielo, fugaz en su recorrido, pero eterna en la historia. Porque Jesús, que nació pobre en un pesebre, trajo una luz al Mundo predicando el amor y la caridad.    

Mi cuento o novela corta de la Navidad, se acabó de imprimir el día 4 de diciembre. Era la primera semana de Adviento del año 2017. Este año de 2020, año lleno de turbación, que vivimos inesperadamente, he querido volver a presentar mi libro navideño como motivo de la esperanza, que no debemos perder, y como un reconocido homenaje a la gran revista semanal Hoja del Lunes, que ha tenido a bien acogerme en sus páginas, para la que he escrito este mi auto-comentario, en el comienzo del Adviento, y con mi abrazo a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Alicante, diciembre de 2020.

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Julio Calvet Botella

Magistrado y escritor.

1 Comment

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  • Querido amigo Julio
    Aprovecho estas líneas para felicitarte, esta Navidad y darte la enhorabuena por tu hermoso cuento navideño, todo un mensaje de Amor y esperanza para los que en estas fiestas buscamos la luz , y La Paz.

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