Cultura

De libros y carcelerías

Conocí a Manuel Avilés Gómez en el año 1995 por razones profesiones y, desde aquella fecha, nació una amistad que puede calificarse de plata por aquello de los veinticinco años. Y fue como consecuencia del nuevo Código Penal promovido por el ministro de Justicia, don Juan Alberto Belloch Julbe. Hubo como una especie de hilo conductor invisible. Yo conocí al señor Belloch, cuando en 1981 arribó como Juez de Primera Instancia e Instrucción al Juzgado de dicha naturaleza de Alcoy, donde yo desde hacía diez años ejercía como Secretario Judicial del mismo. Y conocí a Manuel Avilés cuando yo ejercía como Magistrado Juez de Primera Instancia número Seis de Alicante y Manuel Avilés lo hacía como director del Psiquiátrico Penitenciario de Alicante, sito en la Prisión de Fontcalent. Nos tocó aplicar la nueva normativa del Código Penal del Sr. Belloch, relativa a la permanencia carcelaria temporal de los condenados inimputables por cometer graves delitos en estado de trastorno mental, e ingresados en dicho centro, uno de los dos únicos centros siquiátricos penitenciarios de España, llenos de gentes sumamente peligrosas venidas de toda España, pues sus delitos habían sido de gran peligrosidad como lo era su trastornada personalidad. Imagínese, lector, a personajes como los de esas películas que la televisión nos presenta a altas horas de la madrugada, que consiguen desvelarnos ya definitivamente para esa noche. No es una mera novelación ficcionada la existencia de esos oscuros pero reales personajes, capaces de cometer terribles delitos contra las personas. Y conocí a su director, un hombre impecable, gran profesional, y persona de elegante trato, don Manuel Avilés. Luego hubo un paréntesis en nuestra relación y Avilés marchó a cumplir grandes cometidos en su carrera profesional, de la mano de los ministros de Justicia Antonio Asunción y Juan Alberto Belloch. Y aquí viene ese enlace entre Avilés y yo a través de Juan Alberto Belloch, sin que este ni siquiera lo sepa: su Código Penal.

Cuando en la presentación de su libro, Avilés, en sus palabras, deslizó afirmaciones de una relativa o modesta importancia de sus destinos profesionales. Tuve que hacer esfuerzos para no levantarme y desmentir esas palabras, pues esas afirmaciones, para un testigo “de calidad” como yo, eran totalmente impertinentes, dicha esta palabra en términos jurídicos. Manuel Avilés ha desempeñado cargos muy importantes y de compromiso y hasta muy peligrosos. Ha sido nada más y nada menos que director de la Prisión de Nanclares de la Oca, en Álava, centro neurálgico interno de importantes miembros de ETA en los “años de hierro”, y no me extenderé más en esto. Yo me atrevería a decir, que Manuel Avilés, en su vida profesional, literaria y cultural es un hombre “de novela”, y su personal historia, daría para más de un libro. Es un gran escritor, carrera que ya inició hace tiempo: Ya hemos estado en el Infierno, Criminalidad Organizada. Los Movimientos Terroristas, El terrorismo integrista. Guerras de Religión… son algunos de los títulos de su producción literaria. Y ahora nos presenta su último libro En la cuerda floja. Narcotráfico en Mallorca. Yo tengo la modesta opinión, de que quienes escriben libros en términos novelados, no parten de una historia que aparece porque sí; es decir, espontáneamente, y que se desarrolla totalmente en la ficción. Siempre hay algo de uno mismo, algo o bastante en ellos, y alguno, son casi sin proponérselo, parcialmente biográficos bajo personajes con distintas vestimentas; y si el argumento se acerca al mundo vivido profesionalmente, ese mundo y sus experiencias pasan necesariamente al mismo bajo algún personaje.

Manuel Avilés con Francisco de Castro y el autor de este artículo el día de la presentación.

Yo confieso que he escrito alguna novela en la que necesariamente ha surgido la celebración de un juicio, y claro, he reproducido la celebración del mismo y en el que, como juez que soy, no he de dejar de estar en él yo mismo. Y aquí, En la cuerda floja. Narcotráfico en Mallorca, Manuel Avilés, resulta que ha sido director de la Prisión de Palma de Mallorca, la que se conoce como nos dice, con el nombre genérico de “la carretera de Sóller”, vamos algo así como se dice aquí en Alicante, “te vas a Fontcalent”. Y así, Avilés en su novela, juega con cierta ventaja. Bueno, ventaja relativa, pues hay que haber estado allí. Y Avilés nos cuenta una historia real y dura, sin que por eso deje de gozar de amenidad bajo un retablo de personajes y una narración nada lejana a la ironía y al desparpajo. Hay un personaje que nos guía la historia. Se llama Ahmed Abdelkrim, que nace en una aldea marroquí, pobre y polvorienta, que consigue pasar a Melilla, adquirir la nacionalidad española y hacerse Policía Nacional, tras las correspondientes pruebas y estancia en la Escuela de Ávila, y ser destinado a la Jefatura de Policía de Palma de Mallorca, en la calle Simó Ballester. Ahmed, como nos dice él mismo, “soy, como salta a la vista con solo verme y oír mi nombre, un moro”, y “Soy policía español, como era mi sueño, que creía irrealizable…”. Y tras la presentación del personaje, se va desarrollando la trama de esta vibrante, amena e interesante historia.

Hace bien poco, Manuel Avilés ha prologado mi último libro, y en su prólogo nos dirá que “está prohibidísimo reventar las novelas”. Y aquí le voy a hacer caso, y no contaré más de lo que es esta magnífica novela, En la cuerda floja. Narcotráfico en Mallorca. Tiene el libro dos extraordinarios prólogos: el primero de Fernando Schwartz, diplomático y escritor, y el segundo del juez Castro, que entre otros importantes asuntos intervino en el caso Nóos. Y nos trae una nota de agradecimiento de Avilés, “a las muchas ayudas que he tenido para poder escribir En la cuerda floja. Narcotráfico en Mallorca.

El pasado día seis de noviembre tuvo lugar la presentación del libro en la Sede de la UA, de la calle Ramón y Cajal, de Alicante. Intervinieron además del autor y del editor don José Antonio Vizcaíno, don Manuel Desantes Real, Catedrático de Derecho Internacional Privado de la UA, don José Asensi Sabater, Catedrático de Derecho Constitucional y senador, doña Francisca de Castro, Letrada Jefe del Servicio de Abogacía de la Universidad Miguel Hernández y doña Miriam Celdrán, Farmacéutica Hospitalaria. Todos estuvieron sencillamente magníficos. Don Manuel Desantes, que se proclamó “telonero”, dijo acertadamente del libro de Avilés que “se lee de un tirón, atrapa por su sinceridad, por su realismo galdosiano, y atrapa porque hay mucho más que en la casuística”. Suscribo la afirmación de tan eminente profesor. Termino. No dejen de leerlo. Les prometo que no les defraudará. Yo he disfrutado con su lectura y con el pálpito de una historia que no puede ser más que verdadera en este mundo convulso que nos ha tocado vivir. Enhorabuena Manuel Avilés por tu luminoso e interesante libro.

Alicante, 8 de noviembre de 2020. 

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Julio Calvet Botella

Magistrado y escritor.

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