Trescientas... y pico

Cosa de hombres

Si hiciéramos un ranking de anuncios claramente machistas que hoy difícilmente pasarían el corte en las parrillas de televisión, los del coñac estarían arriba, muy arriba. Y los del Soberano (recuerden, Soberano es cosa de hombres) seguramente escalarían a su cúspide. Solo hay que buscar en Internet para darse cuenta de hasta qué punto estas cosas ya no son posibles. En la tele, claro. Para la realidad y para la política patria es, parece, pantalla no pasada.

En un Congreso de los Diputados donde el 47,4% de sus señorías son ya mujeres -el porcentaje más alto en democracia-, en el caso de Vox esta cifra desciende al 37,5%, la más baja entre los cinco primeros partidos con representación parlamentaria.

Los datos, como el metal, son aquí fríos, cortantes. El votante de Vox es mayoritariamente masculino. Lo dice el CIS, lo señala y confirma la demoscopia más reciente. El apoyo de los hombres dobla al de las mujeres. Y, además, con otra consideración: los hombres lo son en mayor medida votantes acomodados económicamente, con edades entre 35 y 44 años, mientras que el sector mayoritario de las mujeres que les apoya está por encima de los 51.

Ellos -y aquí el ellos está escrito con toda intención- no lo esconden. En su último acto en Vistalegre para lanzar su precampaña electoral del 10N lo volvieron a hacer. Las imágenes son protagonizadas casi exclusivamente por hombres. El medio es el mensaje, que diría el filosofo y erudito canadiense Marsall Mcluhan en los pasados años sesenta. Su escenografía refleja esto mismo. Testosterona pura. Ni lo ocultan, ni les importa. Explotan esa imagen viril, de machitos encaramados, montados a caballo. O a lo que haga falta subirse. Es lo que había y es lo que hay. Como si el tiempo se hubiera congelado en el blanco y negro de un tiempo que cuesta reconocer como nuestro.

Lo curioso aquí es comprobar, contrastar, que lo que ya no parece posible en la publicidad sí lo sea con tanta nitidez y rotundidad en el plano de la realidad. Para ellos, para Vox, sin duda, la política, ahora sí, debe ser como un trago de coñac a la vuelta del trabajo. Soberano, a ser posible. Y, por supuesto, siempre servido por una mujer.

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Pepe López

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