Cultura

Comentario a la novela «El camino. Un cuento peregrino» de Julio Calvet Botella

Título, edición y publicación

Título: El camino. Un cuento peregrino. Editorial ECU (Editorial Club Universitario) en la colección Narrativa, de San Vicente del Raspeig de Alicante, contiene 252 páginas, con ISBN 978-84-17924-37-9 del año 2020, año del famoso confinamiento por coronavirus covid-19. La portada es una foto del Gran Beaterio de Lovaina en Flandes realizada por Carmen Miró García, esposa del autor.

Arquitectura del libro

Contiene el libro un prólogo del escritor Manuel Avilés Gómez, una Salutación del autor firmado como J.C.B., el texto de la novela dividida en tres partes y un Epílogo final, más un índice que es de agradecer con el colofón final. Nos hace Avilés una observación muy acertada, como la de que Julio Calvet es un clásico en su estilo de escribir, de vestir y en el conducir, pero diría más es un educado caballero reencarnado en escritor de aventuras que es su destino como escritor. Nos cita Avilés una de las grandes obras de Calvet como El proceso de Jesús de Nazaret referido al falso juicio en el que el praefectus Poncio Pilatos se lavó las manos para desentenderse de la condena a un judío. Una obra más jurídica que religiosa en época de la invasión de los romanos en Judea, con la crueldad de la pena de muerte por crucifixión que era lo habitual. Este libro es la narración de los días en que Jesús de Nazaret se vio envuelto en un proceso falso que culminó con la condena de un inocente a muerte en la cruz aplicada por la autoridad legal Romana, el viernes 7 de abril del año 30 d. C., o 14 del mes de Nisán (Editado en ECU, colección Acacia 2013). Y hace notar que «un hombre no se puede llamar escritor hasta que no es capaz de abordar una buena novela histórica».         

La salutación del autor está firmada con las iniciales J.C.B, es una sinopsis aclaratoria del contexto histórico de la novela con una introducción a la batalla de Rocroi de 1643 donde los tercios de Flandes perdieron con honor contra Francia.  Tercio del duque de Alburquerque del que fuera superviviente el protagonista Lope de Andrade. También nos advierte que, algunos personajes citados no pudieran pertenecer a la época del protagonista, situada en la mitad del siglo XVII, y que por otra parte, el lector no debe tomar datos de la novela si pretendiera hacer algún trabajo cultural o científico. Lo que nos conduce a entender que es una obra de entretenimiento y no histórica en sus compendios.

Ecce Homo («He aquí el hombre»), del pintor Antonio Ciseri, 1862 (Fuente: Wikipedia).

Y lo más provechoso para el lector es descubrir al narrador de la novela,  que coincide con el autor Julio Calvet porque el protagonista le ha contado su historia, lo cual es una licencia muy novedosa, por eso está contada en tercera persona omnisciente. En cambio, en las novelas como el Lazarillo de Tormes, Guzmán de Alfarache, El Buscón o Estebanillo González usan la primera persona del yo estuve, yo fue, yo hice… lo cual limita el conocimiento de otras escenas donde no participa el protagonista-narrador.

El texto de la novela en una recreación de un ambiente histórico y se divide en tres partes, con 33 capítulos, y un epílogo aclaratorio. La novela se empezó a escribir el 25 de julio, onomástica de Santiago de 2019, como después le cogió el confinamiento le dio velocidad a la escritura. Tengo que hacer notar que El camino. Un cuento peregrino, con toda sinceridad es una obra muy bien elaborada y argumentada, de la que destacaría algunas escenas de amor carnal y la puesta en escena de los monjes de la Cartuja de Sevilla, de la Cárcel Real de la misma ciudad en el siglo XVII donde también estuvieron presos los escritores Mateo Alemán y Miguel de Cervantes, el juicio oral en la Audiencia de Sevilla, la puesta en escena por todo lo alto de la investidura de caballero de la orden de Santiago en el Monasterio de Uclés (Cuenca), el alto nivel expresivo del contenido de las cartas, los discursos y del laudatio, que aparecen en la novela. Me recordaba cuando Julio Calvet fue investido Caballero Cubierto en procesión del Santo Entierro de la Semana Santa de Orihuela en 2007. Pienso que es lo más entretenido que he leído hasta ahora del autor, esta novela es su obra maestra de ingenio, que ha cuidado con mimo y esmero. Y no puedo contar más de la novela porque como dice Manuel Avilés, está «prohibidísimo» desvelar la trama. Pero sí puedo hablar del contexto histórico en que se desarrolla la obra, que es lo que voy a intentar exponer.

Para escribir esta novela se necesita haber vivido y haber tenido muchas y abundantes experiencias y lecturas del s. XVII. La novela histórica nos permite ver la historia desde otra perspectiva, tanto si se trata de un personaje real como de ficción que enriquecerá nuestras alforjas del saber. No olvidemos que Calvet ha sido magistrado y docente en derecho procesal, y ejerció como juez, por tanto su magisterio es enriquecedor. Se notan en gran manera sus conocimientos jurídicos, de la Historia de España en la época del Imperio, y sobre todo de la Historia del Derecho de su especialidad jurídica, por los detalles de los escribanos, fedatarios (notarios), los autos de fe del Santo Oficio, el hurto famélico por hambre, o de citar por su nombre los oficios de corchetes, alguaciles, alcaide, secretarios, regente y otros términos como mandamientos, exhortos o justiciables, es decir tiene experiencia sobrada. Pero también tiene esta novela poesía, porque Calvet también es poeta como nos lo ha demostrado en varios poemarios como Versos del mar y otras soledades (2014)que Palmeral tuvo honor de ilustrar.  Un hipérbaton se observa en la frase «Y por sus ojos torrenció una fuente de lágrimas» (página 39) donde «torrenció» en un neologismo muy visual por el torrente de agua. En la frase «Sopló la luz de la vela» (página 74) es un detalle de precisión, porque si hubiera dicho «Apagó la luz de la vela» muy bien la pudo haber apagado con la mano o con un objeto.  El capítulo once se inicia con una bella imagen «Las crines del caballo que montaba Lope parecían un abanico al viento…» (página 91). Usa la hipérbole o exageración como recurso en la frase «Lope sintió como si toda la catedral cayera sobre él» (página 192).

En el epílogo se observa que Julio Calvet es un lector pertinaz y un gran observador. Es un texto a modo de recordatorio donde el autor nos explica flecos sueltos que quedaron atrás, los rumbos vitales de personajes secundarios, lo que es de agradecer, y una despedida final con la fecha Ut supra, (como arriba) muy típica de las sentencias. Estas dos características le dotaron de bagaje suficiente para argumentar y discutir sobre la importancia o no de la evolución de los distintos géneros literarios de la época que reanima en su última novela.

Breve Currículum de Julio Calvet Botella

Julio Calvet Botella.

Fiel a las secuencias de su destino literarioaparece el siguiente currículum en la revista Letralia. Tierra de Letras de escritores hispanoamericanos: Magistrado, docente y ensayista español (Orihuela, 1946). Secretario de la Administración de Justicia de España. Profesor honorífico de derecho procesal de la Universidad de Alicante y profesor asociado de dicha cátedra desde 1996. Vicepresidente de la Fundación de la Comunidad Valenciana Patronato Histórico-Artístico de la Ciudad de Orihuela. Colaborador en revistas jurídicas del Ministerio de Justicia de España y de las revistas literarias Oleza, de Orihuela, Numen y Amanecer, de Alicante. Miembro del Consejo consultivo de la Revista Peruana de Derecho y Literatura, de la Pontificia Universidad Católica de Lima (Perú). Ha publicado estudios jurídicos en obras colectivas, así como los libros Don Quijote y la justicia o la justicia en Don Quijote; Ramón Sijé, semblanza (Editorial Club Universitario, ECU, 2009); Don Trinitario Ruiz y Capdepón (Orihuela 1836-Madrid 1911), resumen de una ilustre existencia (ECU, 2011); Cuéntame un cuento, abuelo (ECU, 2012), El proceso de Jesús (ECU, 2013), Versos del mar y otras soledades (2014) y Miscelánea en el otoño (2015).

Recientemente, el escritor oriolano Antonio Colomina Riquelme, recopila en su artículo «Julio Calvet Botella y proceso de Jesús» (Orihuela. Desde la escalera de San Miguel, ECU; Alicante, 2020 pgs.119-123), un más amplio currículum de honores, galardones y mérito de Calvet en los que destaco la Cruz de Primera clase  de la Orden de San Raimundo de Peñaflor con entrega del ministro de Justicia Rafael Catalá en 2016.

El Siglo de Oro español

Es un periodo histórico en que florecieron las artes y las letras y se solapa entre el siglo XVI y XVII, y que coincidió con el auge político y militar del Imperio español y de la dinastía de los Habsburgo de la casa de Austria, iniciado por el casamiento de Juana, hija de los Reyes Católicos con Felipe, El Hermoso de Habsburgo, de esta importante casa real. El Siglo de Oro no se enmarca en fechas concretas, aunque generalmente se considera que duró más de un siglo, entre 1492 hasta 1659. El último gran escritor de este periodo fue Pedro Calderón de la Barca, que murió en 1681, año también considerado, por otros eruditos como fin del Siglo de Oro español. Pero para conocer en profundidad esta gloriosa época lo mejor es irse a las enciclopedias porque el tema abarca historias, además de literatura.

   La novela de ambiente histórico y picaresca

El amigo  Julio Calvet  me hizo llegar un ejemplar de su novela con una cariñosa dedicatoria, gracias Julio. Tengo, más que una obligación, una devoción por su pluma de amplio espectro colorista y con matices diversos e insondables que siempre me sorprende, como decimos en Infantería: «El mapa coindice con el terreno», en la que aborda muy diversos temas desde aquella famosa semblanza que escribiera sobre Ramón Sijé, o sobre don Trinitario Ruiz y Capdepón, entre otros personajes; ensayos, poesía, cuentos y novelas.  Porque lo importante de una la novela es el camino que se recorre mientras se escribe, mientras te documentas y le das vida a los personajes como si fueras un ser omnipotente creador, ¡que Dios nos perdone por imitarle! Es el disfrute de crear como en pintura que pones los colores a tu capricho,  es como hacer el Camino de Santiago de alberque en alberge, el que nos empuja hacia la Puerta de la Gloria para darle el cabezo al Santo. Porque es un disfrute comparable a hacer el amor, y que me perdone el veneciano Giacomo Casanova o Moll de Flanders.  Luego vienen otras labores propias de las editoriales, en este caso ECU, que ha hecho una gran labor de correcciones del texto, la edición y publicación, y por último la distribución en librerías y en ese gran Ogro todopoderosos que es Internet. Libro al cuidado de José Antonio López Vizcaíno gerente de ECU.

 Este verano lo he pasado en la playa de Urbanova mirando en el rebalaje como rodaban los huevos de pelos de algas y me tocaban en los pies, y acompañado de un caballero de los tercios de Flandes llamado Lope de Andrade, hijo de Madrid y de un herrero forjador de espadas como la que le forjara el pintor de la Corte del Felipe IV, Diego de Velázquez o al poeta satírico don Francisco de Quevedo y Villegas. También aparece otro pintor el sevillano, Murillo, que no hace falta recordar que se llamaba  Bartolomé Esteban, autor de estampas costumbristas y de una Virgen Inmaculada pintada en 1678, soberbia como la medalla que  llevaba  al cuello Lope.  Estuvo Lope diez años en los tercios,  y después deambula o peregrina por los caminos de Castilla y Sevilla deshaciendo entuertos y protegiendo a los más débiles. De aquí le viene el subtítulo a la novela El camino. Un cuento peregrino. Las guerras tenían un tiempo de ejecución que para evitar los gélidos inviernos, y se hacían entre mayo, octubre o noviembre.

Para mí lo más importante de un personaje es su perfil psicológico. Toda novela implica una serie de dificultades a la hora de describir el perfil de los personajes, y tampoco pueden quedar romos los antagonistas, los pícaros, los personajes secundarios, por ello hemos de resaltar sus vicios y virtudes, sus debilidades y su honores como en el caso de Lope (un nombre muy español que procede del patronímico López), tiene niñez, juventud, amistades, amores,  y el honor de haber sido soldado en los tercios de Flandes por unos diez años. Normalmente las tropas de los tercios se desplazaban navegando o caminando miles de kilómetros por el famoso Camino Español o Camino de los Tercios Españoles, un corredor desde Barcelona, Milán, Besançon y Bruselas por el interior de Europa desde 1563 a 1633, por la dificultad de hacerlo por el Cantábrico y canal de la Mancha por ser Francia e Inglaterra seculares enemigos.

Es peligroso en la novela acabar alegorizando a los personajes, que por el contrario deben ser únicos como es El Quijote, deben ser individualizados y Lope de Andrade lo es como lo es, para tal fin, el autor (que puede, o no, ser el narrador de la historia) debe buscar cualidades únicas y originales en el carácter del personaje. Es muy didáctico y original buscar y coincidir con Marcos Alemán, el hijo de Mateo Alemán y Enero o del Nero que se quedó en Sevilla con su tía la alcahueta Leonora, porque recordemos que el autor de Guzmán de Alfarache murió en México en 1614.

El autor nos recrea el mundo boyante de Sevilla del siglo XVII, a donde llegaban las naos y galeones con oro y plata de las Indias Occidentales. Atmósfera que me recuerda  la novela de El comedido hidalgo de Juan Eslava Galán, Premio Ateneo de Sevilla en 1994, en histórica basada en los personajes marginales que retrató Miguel de Cervantes durante su estancia en Sevilla, refleja los meses que pasó en la cárcel real. Un mundo cierto y real de pícaros, truhanes, prostitutas, timadores, espadachines, proxenetas, clérigos y jueces, y, sin faltar una dama enfermera Inés Ximénez de Ledesma en Rocroi. Pero Lope  de Andrade es un soldado, no es un pícaro sino todo un caballero de «capa y espada con chambergo» nunca mejor dicho, con acciones quijotescas.

Parece difícil que este soldado y valiente caballero protagonista de una historia perteneciente a un género olvidado como es la picaresca, pueda cautivar a los lectores del siglo XXI, pero sin duda alguna a mí me ha cautivado que soy veterano de muchas batallas literarias, y seguro que a los jóvenes actuales del Smartphone y la consola, también les capturará su interés.  Y no puedo contar más porque desvelar la trama de la novela no es misión de este comentarista, sino enseñar qué valores literarios e históricos tiene.

No falta la jerga de los oficios litúrgicos de los frailes cartujos sevillanos, como el de los maitines, laudes, prima, tercia, secta, nona, vísperas y completas. No olvidemos que Calvet es secretario-canciller de la Real Orden de San Antón de Orihuela.

 Con las novelas de época sucede como con El Quijote, que es intemporal, no pasan de moda, porque no son solo historias y anécdotas lo que se cuentan, sino el comportamiento del ser humano con sus virtudes, sus vicios y debilidades. Y es lo que sucede con El camino. Un cuento peregrino, de Julio Calvet Botellaambientada con tanto acierto en el Siglo de Oro español, que más parece un autor de esa época. Un Buscón y un Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, que por cierto, Lope de Andrade conocerá a su hijo Marcos que quedó en Sevilla con una hermana de Mateo, todo un espadachín, truhán, y malandrín al servicio de un, llamémosle capo de la mafia sevillana del aquel famoso barrio del Compás del Arenal, cerca de Triana, citado en El Ingenioso Hidalgo de Quijote de La Mancha, como cita el «Compás de Sevilla» en el capítulo III, de la primera parte. El Arenal de Sevilla era y es un barrio céntrico, un gran espacio abierto, con suelo de la arena del río Guadalquivir, situado entre la puerta de Triana de la antigua muralla y la Torre del Oro y la de la Plata, porque había dos torres y la Casa de la Contratación, también citada en la novela. La zona concentraba buena parte de la actividad portuaria de la ciudad. En sus inmediaciones estaba el edificio medieval de las Atarazanas o astillero de la ciudad, la catedral gótica, la Giralda del periodo almohade y los alcázares.

La bandera de la Cruz de Borgoña

Por qué los tercios de Flandes usaban la bandera blanca con la Cruz de Borgoña o Cruz de San Andrés. El Imperio español tanto de tierra como de mar usó esta bandera desde  1506, época de su introducción por la Guardia Borgoñona de Felipe, el Hermoso, que contrajo matrimonio con Juana llamada «la Loca», aunque estaba cuerda, pero fue encarcelada en una torre de Tordesillas (Valladolid) por su padre y su hijo Carlo V, y mantenida cautiva durante 46 años. Al quedar viuda no querían que reinara en tan vasto Imperio una mujer. La bandera permaneció vigente hasta 1785. Murió en 1555, un año antes que su hijo. Muchas banderas, guiones y estandartes actuales del Ejército español siguen presentando este emblema. Un claro ejemplo lo constituyen los guiones y estandartes de la Guardia Real.

La batalla de Rocroi

En la Champaña-Ardenas francesas que limita el norte con Bélgica, se encuentra la ciudad de Rocroi, donde el 19 de mayo de 1643, se enfrentaron dos poderosos ejércitos, por un lado, el ejército francés al mando de Luis II de Borbón-Condé, duque de Enghien, compuesto por unos 23.000 soldados y el ejército español a las órdenes del general portugués Francisco de Melo, capitán general de los tercios de Flandes, compuesto por aproximadamente 20.000 soldados. Con victoria de los primeros. La batalla duró aproximadamente unas seis horas y comenzó al amanecer de aquel fatídico día. Julio Calvet nos recuerda el armamento usado como las largas picas de los alabarderos, como los arcabuces, mosquetes de avancarga (se cargaban por la boca del cañón, disparo a disparo), morriones (yelmo que cresta, las picas, las espadas y la caballería, el caballo de guerra era ágil y resistente. La lucha en Rocroi fue cuerpo a cuerpo y hasta, diríamos que alma contra alma. En ella se nos fueron un buen puñado de valientes españoles de a pie, de corazón sublime, y también algunos de sus capitanes, como el Conde de Fontaine y oficiales como el Conde de Villalba y Antonio de Velandia. La recreación icónica de esta batalla la pintó muy acertadamente Augusto Ferrer-Dalmau, y anteriormente otra batalla similar en Flandes, fue en el cuadro «La rendición de Breda» pintado por nuestro Diego de Velázquez en 1635, aunque los hechos tuvieron lugar en 1625, muy cerca de Rocroi, contra los rebeldes flamencos.

Rocroi, el último tercio, del pintor Augusto Ferrer-Dalmau, Colección particular (Fuente: Wikipedia).

Pienso que fue un error de Melo invadir territorio francés. La batalla de Rocroi se ha presentado tradicionalmente como el declive de los Tercios Españoles y de la hegemonía española en Europa; sin embargo, no es cierto, la historia es muy caprichosa y a veces no es necesario agrandar la leyenda negra de los tercios del duque de Alba, sino que basta con analizar los libros y a los autores, y como se demostró que Rocroi no fue el final de los tercios, ni mucho menos de la hegemonía española en Europa; sin embargo, sufrió un declive. 

La caballería del duque de Alburquerque logró avanzar y tuvo a un palmo a la artillería francesa en dos ocasiones. Lamentablemente, los jinetes de Gassion fueron ganando terreno y los de Alburquerque se vieron obligados a batirse en una desordenada retirada. Los franceses chocarían con la brava infantería española que aguardaba en la vanguardia de ese flanco. Según los autores, aquí sucederá un terrible y sangriento combate, en el que perdieron la vida el conde de Fontaine y los comandantes de Tercio el Conde de Villalba y Antonio de Velandia.

El valido Conde-Duque de Olivares, fue destituido en enero de 1643, le sustituyó  su sobrino don Luis de Haro y Guzmán, VI marqués del Caspio, Felipe IV lo escogió como su valido por su capacidad de diálogo y evitar un enfrentamiento entre los grupos palaciegos rivales en un momento en el que la Monarquía Hispánica pasaba graves apuros.​ Cuando Haro asumió el valimiento había guerras en Flandes e Italia y rebeliones en Cataluña, Portugal, Sicilia y Nápoles.

Repercusiones de Rocroi

Tras la derrota de Rocroi en 1643 los tercios no volverían a conseguir el pasado esplendor con aureola de invencibilidad en los campos de batalla europeos. Con esta batalla comienza el declinar de la hegemonía militar de España en Europa. El relevo lo toma Francia, que será la gran beneficiada, que empieza a emerger como potencia continental en la persona de los Luises. El declive de España se verá en las calles llenas de mendigos, pícaros, vagabundos y mutilados de guerra que viven de limosnas; pero sobre todo una época de usureros, funcionarios corruptos desde los reyes, validos, virreyes hasta el último alguacil.

Estudio comparativo

Hay que planificar bien cómo abordar esta labor de contar y narrar, cómo hacer que el libro responda al interés del lector sin aburrirle. Pero sobre todo, pienso, que el escritor, el creador de una novela, cualquiera, ha de escribir la novela que a él le gustaría leer. Lo que le sucedió a Alejandro Dumas con sus Los tres mosqueteros, o aFrancisco Quevedo con el El Buscón, a Mateo Alemán con el Guzmán de Alfarache, a Luis Vélez de Guevara con El diablo cojuelo, el gran pícaro Estebanillo González, soldado y bufónal servicio del general italiano Octavio Picoccolimini, al servicio de España, aunque de autor anónimo se le atribuye a un oscuro escribano real malagueño Gabriel de la Vega, muy desengañado de su trayectoria cortesana en Flandes. Y es opinión mantenida con rigor y convicción por los investigadores que Diego la Vega es el autor, basándose en afinidades de carácter estilístico e histórico. En los tiempos contemporáneos tenemos al cartagenero Arturo Pérez Reverte con su saga de Las aventuras del Capitán Alatriste, que esun veterano de los tercios de Flandes que malvive como espadachín y sicario a sueldo en el Madrid del siglo XVII.

Y hasta que el lector no respira el ambiente de una novela, no huela el sudor de los protagonistas, el olor de los conventos, de las calles o de los campos, de las ventas, no percibe lo que el autor pretende: impregnar de ambiente. A veces, se une en simbiosis el protagonista con el autor y se nos hacen «uno» como una Santísima Trinidad. Cuando esta espiritualidad se consigue la novela toma personalidad propia, nace al mundo un personaje como Lope de Andrade, soldado y caballero como es la vida real del propio de Julio Calvet, metido como en sus libros don Alonso Quijano en aventuras de ficción. Porque, en realidad lo que un escritor pretende no es escribir una obra maestra, sino ganar lectores, que es lo que nos gusta a todos.

La novela de la vida y aventuras del soldado de los tercios Lope de Andrade parece  escrita por un autor del siglo XVII y no por uno del veintiuno. Esta, llamémosle autopsia literaria, arquitectura renacentista, si cabe como metáfora, se debe a la gran erudición sobre la época y conocimientos históricos, más lecturas diversas que posee Calvet, donde la documentación es fundamental y se ve en la disección anatómica cuando se lee su novela.

Vista de la ciudad de Sevilla, atribuido a Alonso Sánchez Coello, finales del siglo XVI, Colección Museo de América (Fuente: Wikipedia).

El germen del soldado y caballero protagonista es sin duda Guzmán de Alfarache en una serie de anécdotas curiosas y divertidas en Sevilla del Siglo de Oro. Anécdotas abiertas cuyo sentido como peripecias dentro del proceso vital del personaje protagonista; son reelaboradas para que muestren la intriga, dolor, el sufrimiento, las contadas alegrías y en general todos los sentimientos de la vida de truhanes, pícaros, proxenetas y reos de galeras en cárceles inmundas como la Real de Sevilla (para que te quitaran un grillete había que pagar, o para estar en una celda individual). En definitiva, que el personaje centraliza en sí el interés y la atención del lector, pues aquí reside la marca de una auténtica novela en ambiente histórico. Información de cómo estaba distribuida la Justicia en tiempos de Felipe IV dividida en dos Cancillerías: la de Valladolid hasta el límite del río Tajo, y al sur del Tajo la de Granada, de la que dependía la Casa de la Contratación de Sevilla para asuntos relativos a la Indias Occidentales, situada junto a la catedral. En esta catedral estuvo el Túmulo Felipe II erigido tras su fallecimiento en 1598. Del que Miguel de Cervantes escribiera:

¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla!,
porque ¿a quién no sorprende y maravilla
esta máquina insigne, esta riqueza?

Debemos volver a recordar que Julio Calvet es magistrado y por lo tanto sus conocimientos de la Historia del Derecho es su tema profesional que son esenciales en este tipo de novelas de hidalgos, caballeros, truhanes, gente al margen de la Ley, y el Santo Oficio como ejecutores. Esto se nota sobradamente en El camino…, lo que es de agradecer su magisterio en el aspecto jurisdiccional por estar muy bien documentada.

No falta el tema humano del amor entre Lope de Andrade con Mencía de Figueroa,   como eje sentimental central de la novela. En toda novela son muy importantes los amores y los sentimientos humanos. Otro personaje secundario será la vida de la joven Mariana de Loja una joven víctima de la trata de blancas de 16 años, que tiene connotaciones con La Celestina que es el nombre con el que se ha popularizado la Tragicomedia de Calisto y Melibea, atribuida a Fernando de Rojas, de tanto realismo que fue prohibida en 1792.

La riqueza lingüística

En El Quijote de Cervantes, se invita a los lectores a una reflexión sobre la lengua misma, planteando la muerte del español antiguo y dando paso al moderno, convirtiéndose así en un puente hacia la modernidad del idioma español o castellano, según la Constitución de 1978 por lo de las autonomías, también en las Novelas Ejemplares.

El narrador de El camino. Un cuento peregrino, hace hablar a herreros, soldados, barberos, malandrines, alcahuetas, abades, regentes, novicios, legos, cocineros de la cartuja como Ramón de Ojeda, trotaconventos y prostitutas, damas, jueces y a cual uno con su léxico y jerga propia. Entra en el lenguaje comercial de Madrid y de Sevilla y en el de truhanes y gente de mal vivir.

  El narrador omnisciente es la tercera persona con diálogos en estilo directo del usted y vuestra merced, muy cuidado respecto al contexto del siglo XVII, que, como he dicho anteriormente, parece escrita  por un autor de la época, con Calvet como viajero del tiempo. El vocabulario de la época es perfecto, con alusión a ese vocabulario de palmatoria, el chambergo, corchetes, alguaciles, morriones, el templado  de las espadas y el desastre de Rocroi como telón de fondo de los tercios de Flandes, da un ambiente creíble. Muy de la época como en Lazarillo de Tormes, dice en el Tratado uno: «Pues sepa Vuestra Merced, ante todas cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antonia Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca…»

Al final de la novela hay un juicio y una sentencia ejemplar, donde se aprecia el dominio del autor de los juicios orales, y su ambiente. Hay que haber estado para saberlo. La sentencia con siete considerandos es impecable, que solo un magistrado puede redactarla. Aquí se ve el dominio de los términos jurídicos y legales, y de las causas eximentes, atenuantes y agravantes. Que es un alarde de saber jurídico.

Benito Pérez Galdós estudió los procedimientos de construcción de la novela histórica, de la novela realista, de la novela simbólica, en grados y formas distintos, atendiendo por una parte a las cualidades propias de cada asunto tratado, percibidos según la educación individual y, a lo que podríamos llamar la «sesera de cada lector», es decir, a aquel grado de educación general necesaria en el público para entender la obra del artista y gustar de ella en todo o en parte.

Si nos detenemos en analizar la construcción de una novela histórica, por ejemplo ambientada en el siglo XIV y XV, deberíamos documentarnos fundamentalmente en el tema religioso como sucede en El mercader de Venecia de William Shakespeare. Sin embargo, si la escribiéramos hoy con la vista puesta en el ayer de ese tiempo, nuestra tendencia a citar la contemporaneidad, sería inevitable como los conceptos fundamentales de igualdad, derechos humanos o anacronismos de personajes famosos citados. ¿Qué problemas se presentan? El primero es el de encontrar un tema interesante para el electro y, segundo el narrador que puede ser en primera o tercera persona.

Quizás destacaría la provechosa exploración del lenguaje como instrumento de penetración de una época tan gloriosa de la historia como de las letras.

El protagonista Lope de Andrade

Soldado y caballero Lope de Andrade veterano de los tercios de Flandes fue herido en Rocroi por un arcabuzazo en el brazo izquierdo (pag. 51), similar a Miguel de Cervantes en Lepanto «herida que aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos» (Prólogo al lector en Novelas Ejemplares, 1613).

 Héroe de guerra que por su honor no puede mentir, que hace el camino o peregrinar de la vida, porque quiere meditar y en Sevilla se aloja en la Cartuja de Santa María de las Cuevas, donde halla alojo por los monjes cartujos. Era pechero de los que pagan impuesto y no noble hidalgo de los que no pagaban. Era hijo de un herrero forjador de espadas (hago observar al lector que entre espada y España sola hay una letra de diferencia, una «d» por un «ñ»). Calvet con sus agudas observaciones y descripciones de la sociedad, de sus ventas, de sus viajeros, de la vida cortesana, de tahúres y gente del hampa, se decide a defender a los desvalidos como cuando interviene en la venta «El Romero» en favor de Marcos Alemán.

Como en el fondo es «un quijote» (una persona idealista, que lleva al extremo el cumplimiento de valores propios más allá del deber) se ve envuelto en situaciones de socorro como el que hace con Mariana de Loja. Aunque al final se verá sobradamente recompensado. Porque Sevilla era en el siglo XVII, la ciudad más agitada, cosmopolita y dinámica de España por no decir de Europa. Y hablando de pandemias, se sospecha que en la gran epidemia de peste en Sevilla de 1649 murieron aproximadamente 60 000 personas, el 46% de la población existente, pasando Sevilla de 130 000 a 70 000 habitantes.

Había también nuevas inseguridades financieras de los monarcas. Surgiendo en los inicios del periodo barroco en los nuevos tiempos de una España clerical de misa diaria,  o al menos se estaba empezando a hacer cada vez más notorio la necesidad espiritual de la salvación del alma. Se vivía para la otra vida más que para el presente incierto. Dichos problemas sirvieron de fuente de inspiración a los escritores de las novelas picarescas como:

La picaresca española retrata la realidad de una época:

  • La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (1554), anónimo.
  • Guzmán de Alfarache (1599 y 1604), Mateo Alemán.
  • Segunda parte del Guzmán de Alfarache (apócrifo, 1603), Juan Martí.
  • La vida del Buscón (1604-1620), publicado en 1626, Francisco de Quevedo y Villegas.
  • El guitón Honofre (1604), Gregorio González.
  • Libro de entretenimiento de la pícara Justina (1605), Francisco López de Úbeda.
  • La hija de la Celestina (1612), Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo.

La novela picaresca se trata de ungénero en prosa que surgió en el Siglo de Oro y tuvo una gran importancia en la literatura española y que, después, influenció a autores europeos. Una época de guerras religiosas con los protestantes en auge, como una forma de rebelión contra el poder establecido y contra la autoridad del Papa, quien acudía a pedir ayuda a los reyes españoles porque eran católicos. Según los expertos este género se inicia a raíz de la muerte de Felipe II. Esos problemas sociales fueron el aumento de la corrupción en el sistema judicial, la decadencia de la realeza, la aristocracia, la Iglesia, los hidalgos venidos a menos (de los cuales Cervantes se sirvió para crear su Quijote) y los convertidos marginados. En fin, hombres miserables contrapuestos a las lejanas clases altas, que nada sabían de estos personajes.

Conclusiones:

Pocas veces tiene uno entre manos una novela de ambiente histórico como El camino. Un cuento peregrino, de características tan especiales para poder analizarlas con rigor o al menos intentarlo que promete entretenimiento y aventuras. Por ello, me he permitido ahondar en el tema de la novela picaresca del siglo XVII, para familiarizar al lector con el estilo en el contexto histórico de la época del Imperio español y con su idiosincrasia, a pesar de que el autor en sus apartados de Salutación y en Epílogo nos lo aclara ampliamente como una lección en clase.

Solamente me queda felicitar al autor y amigo Julio Calvet Botella y decirle que esperamos la continuación de las aventuras y desventuras de este Lope de Andrade que tiene mucho juego de cintura con su afilada espada y su proceder. Y al lector, comentarle que no le defraudará.

Ramón Fernández Palmeral, escritor y conferenciante

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Ramón Palmeral

Soy escritor con más de 40 libros publicados sobre temas diversos. Socio de Honor de Espejo de Alicante, socio del Ateneo Blasco Ibáñez de Valencia, colaborador de la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela. Publico crónicas culturales y políticas con un sentido satírico desde hace más de veinte años, puesto que considero que la labor del ciudadano y de la prensa es la de fiscalizar al poder. Dirijo el portal Nuevo Impulso.net de arte, cultura y opinión. Mi correo: ramon.palmeral@gmail.com

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