Contrastes

Cementos alicantinos

Fuente: Alicante digital
Durante la mayor parte del siglo XX las canteras de la Serreta Negra, en San Vicente del Raspeig, surtieron al mundo de cemento que se exportaba a España y Europa a través del ferrocarril y allende los mares desde el puerto de Alicante.

Cuando en 1923 un grupo de militares perpetró un golpe de estado con el beneplácito del rey Alfonso XIII, se instaló en España el periodo que la Historia conoce como la Dictadura de Primo de Rivera. Uno de sus objetivos básicos, aireado a bombo y platillo, era la modernización e industrialización del país. Así que en esa línea y ya en 1925, tras la visita a la terreta del dictador-presidente que había levantado el estado de guerra en mayo, la prensa alicantina ponía el acento en el desarrollo de la ciudad. El diario republicano El Luchador lo reflejaba así: «Nuestra ciudad va prosperando de día en día debido a la gran mejora en la urbanización de sus calles; a su nueva instalación de tranvías; al ensanche de su puerto; etc. Y para extender el repertorio de las diversas industrias, una importante Compañía se ha constituido recientemente bajo una razón social simpática y un capital respetable».

Fuente: El Luchador (junio 1925).

Se refería a la «Compañía Anónima Alicantina de Cementos Portland» que, con un capital de tres millones de pesetas, se instalaba junto a la estación ferroviaria de San Vicente del Raspeig a poca distancia de las vastas canteras de cemento de la Serreta Negra.

«Así se obtiene la ventaja de tener las materias primas, puestas en fábrica, a un precio muy reducido, mientras otras fábricas pagan hasta 8 pesetas por tonelada para situarlas a pie de obra», señalaba El Luchador.

Fuente: Diario de Alicante.

Sobre un terreno de 3 hectáreas se levantaba la nueva cementera (las canteras se explotaban desde 1913), contando con apeadero de la línea férrea MZA (Madrid, Zaragoza, Alicante). Las canteras ocupaban una superficie de 50 ha evaluándose la materia prima útil en unos 5 millones de metros cúbicos, lo que hacía posible una producción anual de 60 mil toneladas.

Era verano de 1925 y hasta primeros del año siguiente (marzo-abril) no entraría en funcionamiento. El ferrocarril hacía posible expedir el cemento a Madrid y de ahí al resto de España y Europa. Por su parte la cercanía del puerto de Alicante facilitaba la exportación hacia Marruecos, Canarias y la costa occidental de África, donde aún había colonias españolas.

Al igual que su colega El Luchador, el Diario de Alicante recogía -ya en el mes de octubre, con la fábrica en plena construcción- las ilusiones de la comarca ante «un mañana próximo prometedor de grandes beneficios para el proletariado alicantino, que tendrá un centro de trabajo más en que emplear su actividad inteligente».

Fuente: Diario de Alicante (octubre 1925).

Cuatro grandes molinos trituradores procesaban la piedra procedente de la Serreta Negra y otros tantos electromotores, de 400 caballos cada uno, ponían en marcha el tinglado de la gran fábrica que -como hemos señalado- producía 60 mil toneladas anuales de cemento «de la mejor calidad y al mejor precio», subrayaban los rotativos de la terreta.

Durante décadas la cementera dió trabajo a cientos de alicantinos siendo un motor económico para la provincia. Tras varios cambios de propiedad en 2009 cesó su actividad. Hoy las instalaciones (propiedad de Cemex, Cementos Mexicanos) languidecen en espera de destino.

Hay muchas ideas pero poco dinero para emprenderlas.

Fuente: Alicante digital.
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Benjamín Llorens

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