Trescientas... y pico

Cabreo, miedo, fascismo…

Vas por la calle -es un decir- y cada vez se ven menos ciudadanos. Gente Corriente que sueña y que padece por lo mismo que la gente corriente. Solo ríos humanos malhumorados. Temerosos. Exaltados. Con ganas de discutir. Sean sus ganas reales o simuladas. Eso poco importa. Rompiendo puentes. Sin caminos intermedios. Lanzando malos augurios. Es este claramente un tiempo de intransigencias. De frentes enfrentados. De ruido. Mucho ruido. De ciudadanos-periodistas y periodistas-ciudadanos, confundiéndolo todo. Como si fuera posible que los enfermos curasen a los médicos. De cabreo monumental por nada. O casi nada. De todo en blanco o todo en negro. No se aceptan los matices como herramientas de convivencia, por eso cotiza alto el insulto. Real o impostado. Eso tampoco importa. Conmigo o contra mí. Dioses tirados al barro y diosas esparcidas por la arena como esperpentos y escarnio para provocar la ira. Solo hay shares que buscan shares. Pines parentales por doquier. Prohibiciones. Desconfianza insana que divide. Que separa. Siempre la división, nunca la suma. No hay razones, pero, eso sí, trincheras a cada paso, a cada instante, las que quieras y más. En la TV, en las redes sociales, en el móvil, en los bares… Gente vomitando odio, prejuicios, sin saber muy bien porqué se odia. Pasas con facilidad de la pancarta de “en esta tierra no se habla valenciano” al tiempo de los eslóganes vacíos, vacuos, que no son más que tierra y arena que se cuela entre los dedos, que ni sacia ni ejemplifica. Tiempo de promesas imposibles de cumplir. De mentiras sin reparos. De laboratorios que solo producen informaciones falsas. De periódicos que mueren. De periodistas que se ven abocados al circo. O a matarse entre ellos. Lo mismo da. De promesas y paraísos que nunca pueden llegar, porque los paraísos, ya se sabe, no existen, o dejarían de serlo si llegaran a ser. Tiempo ventoso, de cristales rotos o a punto de romperse. De malos augurios, del cuanto peor mejor. Tierra quemada que degrada el significado de palabras como compañero, política, esfuerzo, reconocimiento… a cada instante, porque degradando las palabras, todo -eso creen- será más fácil. Tiempo de fascistas y/o antifascistas de baratillo, vaciando de contenido y de la señal de alarma y peligro que deberían encerrar esos vocablos y que así, utilizadas a la ligera como armas arrojadizas, degradan la memoria de quienes se jugaron la vida por ellas. Su consecuencia y exceso es el mismo que el de los antibióticos, que queriendo curar acaban matando por su uso excesivo. Ves niñatos -también niñatas- que confunden la Historia con mayúsculas con su ego y sus deseos de lo inmediato jugando con fuego, llenando de miseria dialéctica la calle y las avenidas por donde transita la gente corriente, la poca que parece quedar. Es, como vivir obligados a posicionarte continuamente. No se sabe muy bien para qué. Ni porqué. O sí. Quién sabe. Esto -decían- era la libertad de las mil pantallas y ha resultado ser otra forma más de esclavismo. Una cárcel en manos de solo unos pocos carceleros que por no tener no tienen ni rostro. Pornografía informativa. Pornografía política. Pornografía por todos lados. Puro negocio. Inconfesable, eso sí. Promesas que duran el tiempo de terminar de decirlas. Miedo. Puro miedo. Expandir el miedo como escudo para seguir mintiendo, matando, robando, engañando, extorsionando. Y que parezca que es lo normal. Que no hay otra salida.

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Pepe López

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