Poesía

Brisas de la vida

Fotografía: Larisa Koshkina (Fuente: Pixabay).

Aquellas estaciones

Siempre, las estaciones, lloran tristezas…, despedidas,
...lloran separaciones de dos vidas,
lloran, algunas veces, amores que, al marcharse,
queriendo o sin querer, acaban y se olvidan.

Tristes las despedidas y alegres las llegadas,
¡inesperadas sorpresas muchas veces…!,
nunca dejan de ser aquellas estaciones,
promesas, ausencias, abrazos y emociones.

Ni sé ni ahora recuerdo adónde se migraron,
pero estén donde estén aquellas estaciones,
bonitas, iguales, sencillas… todas ellas,
siempre serán vivencias, siempre serán recuerdos,
recuerdos de unos tiempos…que olían a carbonilla.

¡Ay, aquellos vagones alegres de tercera
con botijo y tortilla… buscando penas nuevas!
¡Ay, aquellos revisores entrando desde afuera,
picando los billetes, contando las personas…!
¡Ay, aquellos soplidos pitándole a las horas!

Del poemario Brisas de la vida



Fotografía: Alex Iby (Fuente: Unsplash).

Madrid atardecido

El sueño de un ocaso, reclinado en la brisa, se dormía.
Empezaba en el cielo a llover noche.
Era lluvia de estrellas y arrumacos de luna.

Un grupo de unas unas y unos otros
íbamos por Serrano paseando,
cuando una de las unas se cogió de mi mano.

—Qué noche para dormir en Aranjuez,
me dijo suspirando.
—Para dormir en Aranjuez, debajo del Puente del Perdón
o en cualquier parte, le contesté callando,
mientras las yemas de los dedos de mi mano
rozaban suevamente su muñeca.

No sé dónde dormimos, no lo recuerdo ahora,
pero como otras noches, supongo que en la piltra…
que nos brindó la vida.

Del poemario Brisas de la vida



Fotografía: AAron Burden (Fuente: Unsplash).

Opinión

Las palabras son rocas
con las que se elabora la esencia en los Partidos.

Los hechos son torpedos
que destruyen los sueños de tantos persuadidos,
que convierten las rocas en pútridos tesoros,
en retiros dorados, en pobrezas de pueblos
y hambrunas de afligidos…

Lo más triste del caso es que es media docena
la culpable de todo.

Los demás son palmeros de sus propios verdugos
por platos de lentejas con algunos desdoros,
los histriones de paso imitando a los loros.

Del poemario Torrevieja, Fina Sala y yo



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Paco García Hortal

El piloto que cambió el cielo por el mar, que nació en la judía-árabe-cristiana ciudad de Guadix, que charló con el profesor Stephen Hawking, que trató al Premio Nobel Severo Ochoa, siempre acompañado del profesor Cadenas, que tomó copas con Toni Curtis, perdió al ajedrez con Karpov, ganó al mus a Sancho Gracia y besó la mano de la princesa Diana de Gales.
Miembro de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante, de la Real Sociedad Geográfica, de la Asociación de Empresarios Gallegos en Madrid, peregrino de Honor de Galicia, almirante del Gran Navío del Estado de Nebraska, Sheriff de Texas, exdirector de los aeropuertos de Menorca, La Coruña, Santiago de Compostela, Madrid-Barajas y dos veces del de Alicante, expresidente de la Asociación para la Defensa de los Pensionistas y de la Confederación de Mayores y Jubilados, eligió para vivir el otoño de su juventud (ya pasado de fecha), la brutal luminosidad de la ciudad mediterránea y marinera de Torrevieja.

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