Impulso irresistible

Avalancha de contagios vertiginosos

Imagen: Miroslava Chrienova.

Estamos asustados como indica bien claramente la frase del titular de hoy, pues evidentemente hay que mencionar a covid-19 que alguien nos ha traído, un autoinvitado que se nos ha colado en nuestra vida laboral y familiar, y ¡mira que tiene mala cara, el muy…! Es que se producen muertes con sólo olerlo o vislumbrar su sombra en cualquier esquina, pues no hay forma de verle la cara porque los dibujitos que los ilustradores gráficos nos presentan (que es como una competición artística a ver quién le da un tratamiento más original, brillante, apretando sus colmillos en forma de ramo de flores, que se burla de ti a la vez que desea presentársete de la forma más brillante y acogedora, a pesar de olvidarse de arrancar de sus pelos los rulos cogidos con alfileres y otros elementos punzantes, que con solamente rozarte ya se cree que te ha pillado, y nosotros aún sin verlos (ya se cuidan ellos) y de no ser porque ya nos han dicho que llevemos cuidado con él, que no nos acerquemos a nadie ni dejemos que lo hagan otros… En fin, que nos han complicado la vida, no diré que hayan sido las autoridades y los especialistas en virus y en pandemias; sólo es constatable lo que vemos, lo que no vemos porque no hay gente por la calle, y lo que podemos comentar con la gente, escondidos tras mascarillas defensivas y guardando las distancias más saludables.

Este pueblo español vive estos días haciendo rondas a las chicas del vecindario, cantando lo que parece una provocación a las esporas que nos quieren devorar (les decimos que yo, al menos, resistiré, y lo haremos acompañados de palmas y vivas a los que aguantan carros, carretas y errores de los que toman decisiones). Eso pasa porque, como decía el escritor Goldsmith, “vale la pena el espectáculo de ver a hombres luchando contra las adversidades, sabiendo que hay un espectáculo mayor: ver a otro ser humano lanzándose en su ayuda”. Pues ahí están, religiosamente, médicos, enfermeras y servidores sanitarios, conductores de ambulancias y todos los miembros de los cuerpos de seguridad del Estado, que llevan ya va para muchas semanas, defendiéndonos, protegiéndonos, guiándonos. Las personas crecen en número y habilidades cuando se muestran humanas y solidarias, compasivas y generosas, y además volcadas en la defensa de los más débiles, seres ejemplares en arrimar el hombro. La vida tiene estas cosas. Alguien le puso una corona a unas bacterias asesinas que vienen a por todos nosotros y le dio las instrucciones de almorzar unos hongos y luego merendar a los que los habían ingerido. Y en esa batalla estamos.

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Demetrio Mallebrera

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