Impulso irresistible

Aturdidos: perdidos o mareados

Fotografía: The Digital Artist (Pixabay)

En determinados momentos y situaciones de la vida tenemos a veces la sensación de sentirnos perdidos si es que ya no vemos bien a nuestro alrededor y no encontramos las referencias que nos indicaban por dónde íbamos habitualmente. Estas son las cosas que no se presentaban antes, cuando éramos más jóvenes, cuando teníamos nuestras facultades más despiertas. Sí, en efecto, hemos dado con una palabra que nos lo aclara bastante bien. No vernos, por razones de visión o de estar nublado todo nuestro entorno; no vernos porque fallan los ojos y ya no nos son útiles nuestras correlaciones con el entorno acostumbrado.

Son cosas que hasta habíamos estudiado, y de ahora que abundan los cambios. Porque en nuestros estudios los ríos pasaban por donde no pasan hoy, o los puertos han cambiado de nombre, y algunas montañas (por efecto del turismo).

Para no perdernos nos instruyen diciendo claramente que hay que cuidar lo que algunos llaman la “casa común”: el planeta, porque lleva ya muchos resfriados en su talego y está que tose mucho y no respira apenas. O sea, que se nos muere. Y a todo lo cambiante lo han metido en el saco del “cambio climático”, y aprovechan unir esta expresión a otra que es echarse la culpa sin haber tocado la tecla roja. Es cierto que el desgaste está haciendo daño, pero no puede ser que sea eso lo que se cargue el planeta.

A ver, dicen que son tres cosas las que nos han cambiado mientras no salíamos del repetitivo catarro invernal que se curaba haciendo sudar la camiseta del pijama: el consumismo, las estructuras de poder y la cultura del derroche, que provocan el deterioro medioambiental y la crisis humana y social. Todo este tinglado agrupa lo que nos pasa (que ya se lleva 18.000 personas fallecidas al año por causas directas o derivadas de la contaminación). Después, caben en este grupo el agotamiento de los recursos por sobreexplotación; también los pesqueros y los forestales, aunque sean renovables. Esa súper explotación se recrea demasiado en la deforestación por el hecho de que la gente cambie sus formas de vida.

¿Y la biodiversidad que hace que los ecosistemas choquen entre sí? Pero lo más castigado por los estudiosos de estas circunstancias adversas es el cambio climático, que se ha convertido en el mayor y peor desafío. Ahora tenemos en una punta del planeta unas inundaciones que chocan por la otra punta con las sequías extremas, la subida del nivel del mar y el progresivo deshielo de glaciares y polos. Estamos aturdidos por no saber muy bien por dónde empezar. Y luego, andamos perdidos y mareados.

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Demetrio Mallebrera

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