Trescientas... y pico

Arde Alicante

Alicante. Año 2035. Como en las grandes catástrofes, todo sucedió de pronto. A traición y sin previo aviso. En el cielo de la ciudad se empezaron a dibujar unas extrañas y finas sombras. Al principio, parecía poca cosa. Apenas unos hilillos que diría un tipo como Rajoy, pero en unos escasos minutos el azul intenso del techo de la ciudad va dejando hueco a manchas deformes. Son de un gris azulado, casi negro, y dibujado en escorzos. La gente, que como todos los días anda por la calle en sus cosas, de aquí para allá, en sus ocupaciones y preocupaciones, mira al cielo. No saben aún si disfrutar del espectáculo o preocuparse, así es el fino hilo que separa el placer de la tragedia. Es ese instante en el que la novedad es solo espectáculo. La otra gente, que trabaja en sus oficinas, en sus comercios, sale a la calle y también mira al cielo.

Imagen: Jaime Kern (Fuente: Unsplash).

Al principio no, pero pronto parece evidente que es humo, que huele. No se sabe muy bien a qué, pero huele. Eso seguro. Si a plástico podrido, si a cadáveres de flores, si… eso no está aún claro. Los pájaros, los pocos que iban quedando en la ciudad, han desaparecido de los parques y del horizonte como aviso de catástrofe. Alguien, en uno de los muchos corros de gente que se van conformando aquí y allá, se atreve a vaticinar una hipótesis: dicen que los depósitos gigantes del Puerto están ardiendo. Que ha habido una explosión sorda y silenciosa. Nadie confirma. Solo es humo. Y olor. Los padres y las madres salen también despavoridos de sus trabajos para sacar a sus hijos de los colegios, pero no consiguen llegar porque la ciudad es, pocos minutos después, un inmenso atasco. Ni se puede entrar, ni se puede salir. Los colegios no saben qué hacer. Esperan órdenes, pero los teléfonos han dejado de sonar. Nadie contesta al otro lado. La Policía, tampoco. Las sirenas de los bomberos es lo único que se deja oír en el estruendoso silencio que envuelve la ciudad.

De pronto, algunas personas quedan varadas en las aceras, como si fueran trapos, maniquíes deformes, con dificultades evidentes para poder respirar. ¿Habrá muertos? ¿Será una performace? ¿Estarán grabando otra escena de una película futurista? La tensión sube. El humo, no. El humo baja a ras de suelo. Lo impregna todo. Pero el olor, el olor es lo peor. Los hospitales colapsan. A las pocas horas Alicante es ya noticia de apertura en casi todos los noticieros del mundo.

¿Ciencia ficción? ¿Imaginación? Puede. Que nadie se alarme. Que no cunda el pánico. Ya se sabe aquello de que la ficción siempre supera a la realidad. ¿O era al revés?

#STOPDEPÓSITOSGIGANTESENELPUERTODEALICANTE.
Manifestación en Alicante para decir No a la instalación de depósitos en el Puerto.
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Pepe López

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