Al paso

Nunca es la misma Semana Santa

Momento de una procesión de Semana Santa. Foto: WIKIPEDIA
Momento de una procesión de Semana Santa. Foto: WIKIPEDIA

Para los católicos (casi el 80% de los españoles se confiesan como tales aunque sean muchos menos los que pasan por el confesionario y no porque no lo necesiten) la Semana Santa es un tiempo especial, el más singular de todo el año y hasta diría que más significativo que la Navidad pues, con ser hermosa la celebración del nacimiento de Jesús, la conmemoración de su pasión, muerte y resurrección es el cogollo del misterio de la salvación de la humanidad por el Mesías.

La sangre derramada para el perdón de los pecados y la muerte del Nazareno se rememoran año tras año con un final feliz, la resurrección. El Resucitado es la prueba definitiva de la esperanza de los cristianos. Resucitarán para estar eternamente con él, aunque muchos tengan que pasar un tiempo en el Purgatorio para limpiarse de impurezas: corrupción, odios, calumnias, robos, adulterios, malos tratos a los hijos, malos tratos a los padres…

Las vacaciones de Semana Santa no tienen por qué ser sólo de diversión playera, museística y gastronómica. Ni siquiera es preciso viajar para pasárselo bien, incluso participando en los festejos religiosos que van desde los oficios sacros en las iglesias a los desfiles procesionales en la calle. Lo religioso no tiene nada de triste por muy dolorosos que fueran algunos de los sucesos de Jueves y Viernes Santos. Lo que ocurrió en Jerusalén aquellos días más que triste es sublime. Y los desfiles procesionales participan del misterio pascual más profundo y exhiben a la vez el arte excepcional de los imagineros españoles, así como de los bordadores y joyeros.

Ni siquiera todos los días son iguales aunque hagamos las mismas cosasLas calles se convierten en museos transmisores de vivencias. La playa, los bares y restaurantes tienen su momento; los actos religiosos, el suyo y entre ellos las procesiones, que no tienen como protagonistas a los espectadores, pero que no existirían sin éstos, como no habría teatros abiertos y obras teatrales en los escenarios sin público. Y aunque parezca que cada Semana Santa es repetición de la anterior, no es cierto. Cambian muchas cosas y no sólo en los pasos que procesionan, sino en las personas que desfilan y, sobre todo, en los espectadores. Porque los espectadores no somos los mismos. En un año hemos cambiado o han cambiado las circunstancias que nos rodean. Ya no está algún familiar o algún amigo. Pasa con todo en la vida. Ningún día es igual a otro aunque hagamos las mismas cosas. Cada día trae su afán, que dice el refranero. ¡Que la Semana Santa te ayude a vivir (y a ser) mejor!

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Ramón Gómez Carrión

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