Al paso

Casi todos nos estamos equivocando

Viñeta cómica sobre el poder de la propaganda política. Foto: PIXABAY
Viñeta cómica sobre el poder de la propaganda política. Foto: PIXABAY

El viejo dicho latino ‘errare humanum est’ viene a confirmar simplemente que todos nos podemos equivocar o, más aún, que todos (o casi todos) nos equivocamos y no una sino muchas veces. Pero lo que resulta inhumano y antisocial es no aprender de los errores sino sostenerse en ellos, algo que se refleja en aquella expresión que, al parecer, fue utilizada por primera vez en la obra teatral ‘Las mocedades del Cid’, de Guillén de Castro, contemporáneo de Cervantes: “mantenella y no enmendalla”.

Ese mantenerse en el error, tan frecuente entre nuestros políticos viejos, lo siguen cometiendo los políticos nuevos. Claro que no es un vicio exclusivo de políticos, sino algo muy extendido en todos los estamentos sociales. Las equivocaciones se suceden y cuando se mantienen contra viento y marea se convierten en mentiras. Pocos mienten más que los extremistas de derechas y de izquierdas. Son los grandes mentirosos, convencidos de que a base de engañar convertirán la mentira en verdad.

Urge un movimiento social global que reivindique valore humanos

Lo que está ocurriendo con las redes sociales es de lo más antisocial que pueda imaginarse. Unos pocos, pero que se hacen notar mucho, bombardean pestilencias sin cesar contra los valores que cimentaron las sociedades modernas respetuosas con los derechos humanos, que no sólo son pisoteados por guerras injustas donde mueren civiles inocentes sino por descerebrados que no respetan ni ideas ni creencias de sus semejantes y pretenden, ignominiosamente, justificar sus descerebrados ataques recurriendo a la libertad de expresión.

Los demócratas auténticos están dispuestos incluso a dar la vida para que los que piensan distinto puedan manifestarse libremente, pero los extremistas nazis y comunistas han demostrado (eso también es memoria histórica) que no quieren contradictores y que están dispuestos a exterminarlos de la vida pública y acaso, como en otros tiempos, también de la no pública.

Urge crear un movimiento social global que reivindique valores humanos de libertad, igualdad y fraternidad. Pero educando a las nuevas generaciones en el respeto a los diferentes y no cayendo en las mamarrachadas que confunden el carnaval con las carnavaladas contra la Virgen y el Crucificado en Canarias o contra la institución sacerdotal y el matrimonio civil en Puerto de Santa María, por citar sólo dos casos recientes. Luchemos contra la corrupción económica, pero también contra la mental.

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Ramón Gómez Carrión

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