Al paso Opinión

Alfa y omega, aborto y eutanasia

Anciano recibe apoyo de un familiar en el hospital. Foto: Pexels.com
Anciano recibe apoyo de un familiar en el hospital. Foto: Pexels.com

Otra vez salta a la palestra con fuerza el tema de la eutanasia, que para unos es un suicidio asistido, moralmente condenable, y para otros una muerte digna con la ayuda de familiares o amigos. El marido que ha hecho caso a su mujer porque ya no quería vivir una vida tan triste, penosa y dolorosa como la que venía soportando durante años, se siente tranquilo, sin remordimientos de conciencia. Y nadie le podrá reprochar nada. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. No es culpa de los ciudadanos más desfavorecidos; es culpa de unos gobiernos que dicen no tener dinero para atender con mimo a los enfermos terminales y a sus familiares para que no deseen la muerte como fin de sus padecimientos.

Anciano recibe apoyo de un familiar en el hospital. Foto: Pexels.comNo tienen dinero para esos pacientes pero lo derrochan en parlamentos autonómicos con multitud de diputados que hacen muy poco, aparte de cobrar todos los meses haciendo que legislan como si ya no hubiera bastantes leyes que ni se conocen, ni se cumplen, ni sirven para nada la mayor parte de las veces. Ya no hay tema sobre el que legislar. Los distintos parlamentos compiten a ver cual es el que más leyes tramita. Intentan justificar sus sueldos, pero no lo consiguen.

No hay dinero para prevención contra los embarazos no deseados y, en todo caso, para ayudar a las mujeres por todos los medios a no abortar, un trauma que todas las feministas lamentan, pero que las más extremistas justifican con el absurdo y mendaz argumento de “yo con mi cuerpo hago lo que quiero”. Pero sí hay dinero para defensores de pueblo. Todo el mundo sabe que los defensores del pueblo no sirven para nada, pero cada uno de ellos arrastra un montón de enchufados (en la Comunidad Valenciana son 35, que también cobran todos los meses por no hacer ni ganas de comer).

Debería haber dinero para que las atenciones de cuidados paliativos fueran tan excelentes que ni pacientes ni familiares quisieran el suicidio asistido. Debería haber unas atenciones fabulosas a mujeres con embarazos no deseados (y a sus familias) para que evitaran abortos (traumáticos siempre) cuando fallaron los métodos preventivos de la concepción.

Filosóficamente hablando, es decir, discurriendo desde el amor a la verdad del ser humano (hombre y mujer), prescindiendo de las convicciones religiosas, nadie, en su sano juicio, puede considerar bueno el acabar con la vida de un no nacido. Hay quien piensa que interrumpir el embarazo es un mal menor para la mujer en ciertos casos pero, en muy contados casos, lo que desmonta la seudofilosofía del ‘aborto libre y gratuito’ que exhibió, en una camiseta, en un acto público, una dirigente sindical. Hay que respetar a las personas, pero no ciertas ideas de ciertas personas cuando van contra principios naturales. No es fácil, a veces, conjugar la ley positiva (leyes emanadas del Parlamento) con la ley natural. Pero hay que intentarlo. Esto vale también para la eutanasia. O estaremos denigrando, envileciendo, la naturaleza humana. Aborto y eutanasia, alfa y omega, principio y final.

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Ramón Gómez Carrión

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