Trescientas... y pico

10N o la victoria más amarga de Pedro Sánchez

Pedro Sánchez decidió jugarse la repetición electoral a la carta de la emoción. Fueron fundamentalmente dos. Una, exhumar a Franco. La otra, hacer coincidir los comicios con la previsible reacción del independentismo a la sentencia del procés catalán. Dos y en ambas ha fracasado.

La consecuencia para él y para su partido parece clara. Incluso dolorosa. Cumpliendo con los principios éticos y con la historia, decidió exhumar al dictador a las puertas de las elecciones, pero su gesto ha acabado por ser la mecha que ha encendido la gasolina de Vox. El león dormido de la extrema derecha aparece, ahora sí, con fuerza y capacidad de agenda política en un país europeo donde aún no lo había logrado. Desde la noche electoral del 10N España ha dejado de ser una isla en las corrientes populistas y xenófobas que incendian medio continente. Desde anoche Vox es una amenaza real para la convivencia democrática y para los consensos básicos que han presidido los grandes pactos políticos desde la Transición.

La única buena noticia para Pedro Sánchez en la noche de este 10N es que las tres derechas -PP, Ciudadanos y Vox- siguen sin sumar. No es menor el hecho, pero insuficiente. Son ahora 152 añadiendo las dos actas Navarra Suma, a 24 de la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados y sin posibilidad matemática alguna de sumar aliados.

El otro gran titular de la cita electoral, es que, contrariamente a lo que sucede casi siempre, este 10N fue la noche en la que todos perdieron. Todos, claro, menos uno, Vox. Perdió Pedro Sánchez. Y no solo tres escaños. Su capacidad de formar gobierno se encoge. Perdió, y se queda en las cuadernas, Ciudadanos. Del sueño de superar al PP, no está claro que ahora pueda llegar con vida al final del largo desierto que tiene por delante tras un batacazo electoral que recuerda en demasía a otro, el de la UCD en 1982 que pasó de 168 diputados a solo 11.

Ganando una veintena de diputados, también perdió el PP y su joven líder, Pablo Casado. La sombra de Vox le va a hacer muy difícil centrar su discurso y transitar con luces largas. Vox será su sombra. Su perro de presa. Le han dado oxígeno en Andalucía, Madrid, Murcia… y el monstruo va a exigir, ahora sí, su parte del botín. Perdió también Podemos. Y no solo siete diputados al pasar de 42 a 35. La otra buena noticia es que puede que, ahora sí, Pedro Sánchez se vea obligado a aceptar algunas de sus peticiones que antes rechazó, pero ese previsible acuerdo nace como un pacto de perdedores.

Y como ir a terceras elecciones, sin llegar siquiera a formar gobierno, sería un fracaso de país y de muy difícil digestión ciudadana, es muy probable que se llegue a formar gobierno. Y que Sánchez acabe, otra vez, de presidente. Otra cosa será gobernar. Que haya legislatura. Eso, seguramente, no será. Sólo había que mirar la cara, el gesto, la sonrisa forzada, las palabras huecas y deslavazadas del presidente en funciones anoche en Ferraz. Ante unas decenas de militantes socialistas extraviados, que no sabían bien si habían ganado o habían perdido. Y, sobre todo, a través de la televisión y ante millones de personas que vieron y asistieron atónitos al que posiblemente sea el discurso más triste de un ganador de las elecciones generales en democracia.

Posiblemente todo se explique porque a esa hora Pedro Sánchez ya era consciente de que la del 10N fue otra victoria más en su manual de resistencia. Sí, pero posiblemente también, su victoria más amarga.

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Pepe López

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  • Hola pepe, cuánto tiempo sin verte por aquí, me alegra mucho leerte de nuevo, buena opinión, y vaya panorama tenemos.

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